Porque en la fotografía la necesidad se bifurca: por un lado lo que seduce, por otro lo que apenas alcanza a pensarse. De esa grieta nacen imágenes que no buscan encajar, ni responder a lo que se espera de ellas. Son fotografías que insisten en otro ritmo, ajenas a lo inmediato, más cercanas a lo que permanece sin nombre.
Este reservorio no organiza, insiste en resguardar. Funciona como una abertura mínima: hacia lo que no se dice, hacia lo común que se repite sin notarse, hacia eso que sostiene la vida sin hacerse visible. Esto son mis proyectos fotográficos personales.
Vivimos en una era visual donde la repetición constante de ideas, estilos y lugares en plataformas como Instagram transforma lo auténtico en cliché.
Lo que alguna vez fue original y provocador se convierte en una fórmula replicada hasta perder su esencia.